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¡Vaya referente democrático!

16/04/2012 16:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Ya va siendo hora de que olvidemos definitivamente los terribles delitos cometidos por unos y otros durante la Guerra Civil, en la que Santiago Carrillo no fue precisamente un santo. Pues han pasado ya casi 80 años desde entonces y todos aquellos prescribieron ya en vida del propio Franco, incluidos los cometidos por Carrillo, flamante consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid. Así lo atestigua un decreto de 1969, declarando prescritos los delitos cometidos antes del 1 de abril de 1939. Y por si esto fuera poco, tenemos también la amnistía de la transición democrática de 1977.

Pero es el propio Santiago Carrillo y quienes quieren hacer de él "un referente sabio y democrático" los que no nos dejan olvidar los desgraciados sucesos de aquellos años trágicos, en los que Carrillo tuvo un protagonismo muy especial. Aunque desempeñó un papel aceptable durante la transición, contribuyendo positivamente al éxito de la misma y a la instauración de la democracia en España, no tardó mucho en aparecer de nuevo el Carrillo siniestro, repartiendo condenas y llamando fascistas a los que no forman parte de la llamada "casa común de la izquierda". Sus palabras ante el Pleno del Ayuntamiento de Gijón, al recibir su título honorífico de "Hijo Predilecto", le delatan: "para mi es un orgullo que los que han luchado contra la libertad del pueblo y tiranizado cuarenta años este país me consideren un adversario; lo contrario me daría vergüenza".

En vez de huir intencionadamente de los focos mediáticos y llevar un retiro discreto, huye de la sensatez y se empeña en estar continuamente en el ojo de huracán. Y para colmo de males no hace más que mendigar honores que no se merece. No se si sería la ley de Memoria Histórica la que despertó en él antiguos estereotipos ideológicos. El caso es que se olvidó muy pronto de los acuerdos de la transición democrática, sellados incluso con históricos apretones de manos. El comportamiento posterior de Carrillo da a entender que no fue sincero su abandono de la tesis de "ruptura" de su partido, aceptando aparentemente de manera entusiástica la "reforma" política. Su comportamiento posterior da a entender que lo hizo por puro interés personal y para no quedar políticamente aislado.

El comportamiento de Santiago Carrillo deja mucho que desear. Le gusta dar clases de ética y pontificar sobre "buenos" y "malos" y se presenta como un firme defensor de la libertad y de la democracia. Lo hace frecuentemente ante los micrófonos de la Cadena SER y lo hizo el pasado día 7 de abril en el programa "Informe Semanal" de TVE. Según Carrillo, los que le acogieron y con él prometieron solemnemente hacer "tabula rasa’ del pasado, son unos fachas y, además, han tiranizando a los españoles durante cuarenta largos años. Con estas acusaciones tan directas de Carrillo, es normal que no se olviden sus crímenes, que fueron muchos, cometidos contra indefensos ciudadanos que no pensaban como él, o que eran sacerdotes o religiosos, o tenían la fea costumbre de asistir a misa.

El arrepentimiento de Santiago Carrillo duró muy poco y volvió a ser el mismo de siempre, el marxista irredento que se enorgullece de su pasado cuajado de horrendos crímenes. De los elogios desgranados por la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, en la entrega del inmerecido título de "Hijo Predilecto", solamente es verdad que tiene una dilatada vida política y una enorme facilidad dialéctica. Lo demás son simplemente ditirambos ocasionales que no tienen nada que ver con la realidad. Aunque lo diga la alcaldesa, no es cierto que Carrillo sea un dechado de moderación y tolerancia. No ha tenido nunca lealtad hacia nada ni hacia nadie. Tampoco ha sido un hombre valeroso y su dignidad política y personal ha brillado siempre por su ausencia. No es valeroso ni tiene dignidad quien, por miedo a que peligre su liderazgo, recurre a la purga sistemática y a la eliminación traumática de quienes destacaban dentro de su propio partido.

Tampoco son ecuánimes las alabanzas de TVE, en su programa "Informe Semanal" del pasado Sábado Santo, para conmemorar el 35 aniversario de la legalización del Partido Comunista de España. El reportero de TVE que dirigió el programa, o desconoce la historia, o no hacía más que reírse de los televidentes, porque el programa estaba concebido a la mayor gloria de Santiago Carrillo, donde se le exaltaba obscenamente, y se le calificaba como "referente sabio y democrático". Y Carrillo, como era de esperar, aprovechó la tribuna para lanzar el siguiente rebuzno: "Suárez, el PSOE y nosotros nos dedicamos a limpiar el terreno de este país (…) No lo logramos, y me parece que esa ha sido una de las cosas que han influido para que el aparato del Estado y las instituciones que han pesado tanto en la historia de España, como por ejemplo la Iglesia, hayan seguido teniendo la fuerza que tienen".

Este conspirador nato, mientras viva, tendrá que cargar con las atroces matanzas de Torrejón de Ardoz y de Paracuellos del Jarama, que aquí obviamos por ser sobradamente conocidos. Diremos simplemente que Carrillo, de manera reiterada, ha tratado de eludir cualquier tipo de responsabilidad sobre los mismos y quiere pasar el muerto a unos "milicianos desobedientes". También tendrá que cargar con otros muchos crímenes, menos conocidos, pero tan detestables o más que aquellos. Y es que convirtió en víctimas a muchos conmilitones suyos. Según se desprende de confesiones y de documentos internos del propio partido, no fueron pocos, los militantes del PCE represaliados y hasta asesinados por orden de Carrillo en la década de los cincuenta. Había que afianzar, de alguna manera, su liderazgo entre los comunistas que actuaban en España, para ver cumplida su aspiración de hacerse con la secretaría general del partido.

La etapa delictiva de Santiago Carrillo no finiquitó con su cese como Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid ni con la finalización de la Guerra Civil. A pesar de esto, continuó impertérrito con su odiosa y abyecta cadena de delitos, dirigidos ahora contra miembros de su propio partido. El equipo básico utilizado por Carrillo para ejecutar sus sentencias de muerte en esta época, estaba formado por estos tres personajes, duros donde los haya: José Gros, alias "Antonio", Félix Pérez, de sobrenombre "Sebastián" y Ricardo Navacerrada, apodado "Partebocas".

La lista de los eliminados violentamente por encargo de Carrillo es demasiado larga y está integrada por comunistas destacados, que operaban en España al margen de la dirección en el exilio. Sentía una especial aversión por los comunistas que integraban el círculo del polémico Jesús Monzón. Le estorbaban los que desempeñaban algún tipo de jefatura entre los guerrilleros, ya que, dada su significación relevante, podían poner en peligro su flamante liderazgo. Entre las víctimas más destacadas, tenemos a Francisco Corredor, conocido por "Pepito el Gafas", Gabriel León Trilla, Víctor García "El Brasileño" y Luis Montero, entre otros muchos.

Es llamativo el caso de "Pepito el Gafas". El equipo de asesinos de Carrillo viene a buscarle a España y cuando lo encuentran en Levante le dicen: "Eres el hombre de la suerte. Venimos a por ti. La dirección del Partido te ha designado para que asistas a la reunión del Consejo Mundial de la Paz que se celebrará en Varsovia. Prepara tus cosas, lo indispensable. Cuando lleguemos a París, se te facilitará todo lo necesario’. Y en ese camino de vuelta a París, le asesinan en algún punto entre España y Francia. A Gabriel León Trilla lo engañan y le hacen acudir al llamado Campo de las Calaveras. Allí lo espera un tal Olmedo, apodado "El Gitano", que lo asesina de varias puñaladas y después lo desvalija para dar al crimen la apariencia de un robo común. A Luis Montero lo acusaron de haber capitulado con la Guardia Civil. Vienen a buscarlo y poco antes de llegar a la frontera francesa es asesinado.

Merece reseñarse el caso del metalúrgico asturiano Víctor García "El Brasileño. A este guerrillero le matan en 1948 sus compañeros de partido, por orden expresa de Carrillo. Sus asesinos fueron tan cínicos y procaces, que hicieron creer a su mujer, María, y a su hijo de solamente 6 años que había muerto en un enfrentamiento con la Guardia Civil. Esto es lo que dice un documento del PCE gallego, fechado en agosto de 1946: "La lucha con García y su grupo, su liquidación política y física es nuestra mayor preocupación (...), creemos estar en camino de liquidarlo pronto". Y al final, cómo no, lo consiguieron, tal como revela una carta del 23 de abril de 1948, dirigida al Partido Comunista de Galicia. En ella se dice: "Por fin lo cazamos. Este canalla se nos resistía como una sanguijuela. Logramos cazarlo en la comarca de Lalín. (...) Es un provocador que nos dio muchos disgustos y, aunque tarde, lo hemos eliminado".

Cuando al equipo de verdugos le resultaba imposible efectuar la eliminación decretada por Carrillo, éste los delataba a la policía española. Se valía para ello de Radio España Independiente ("La Pirenaica") y de las publicaciones del partido, principalmente el "Mundo Obrero". Entre los guerrilleros más importantes que cayeron de este modo en manos de la Guardia Civil, tenemos a Joan Comorera, a Baldomero Fernández, a Heriberto Quiñones, a Basilio Serrano "El Manco" y a casi todos los delegados que actuaban en España, a su vuelta del VI Congreso del PCE, celebrado en Praga en diciembre de 1959. Entre el grupo de delatados tenemos también a Julián Grimau, que murió convencido de que había sido vendido a la policía española por Carrillo.

Este es Santiago Carrillo Solares, el personaje siniestro que, dejándose llevar por su enorme soberbia, procuraba liquidar a los que se atrevían a discrepar de las decisiones que tomaban en París. La fatídica huella que ha dejado en la Historia de España es indeleble y no se puede ocultar ni maquillar. Por supuesto, no es el "referente sabio y democrático" que quiere vendernos Televisión Española y fue un auténtico despropósito nombrarle hijo predilecto de Gijón.

Santiago Carrillo, eso sí, disimula lo que puede y busca todo tipo de disculpas para sus crímenes. Todo ocurrió porque de aquella, según dice, se dejaba llevar por los juicios, a veces excesivamente tortuosos, de los que se relacionaban directamente con los represaliados. Y como era tan celoso de la disciplina interna, "obraba impulsado por la necesidad de combatir todo intento de ruptura del partido". La biografía de Carrillo es sumamente tétrica, aunque él trata de obviar y eliminar los detalles más siniestros, edulcorando todo aquello que pueda perjudicar su imagen. Para él, claro está, son los otros, los que no están en la "casa común de la izquierda", los fachas, los anti demócratas y los criminales inmisericordes.

Gijón, 10 de abril de 2012

José Luis Valladares Fernández

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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