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Vender un piso, pero sin renunciar a él: "Llamo un par de veces al año para confirmar que todavía no me he muerto"

12/11/2020 06:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Piso de tres dormitorios, exterior, muy soleado, bien situado y a un precio sorprendentemente bajo. ¡Una ganga que no se puede dejar escapar! Pero ojo, porque hay letra pequeña: el piso viene con inquilino dentro. Es la nuda propiedad.

Cada vez es más frecuente encontrar en cualquier portal inmobiliario pisos que se venden bajo esta modalidad mediante la cual el propietario se reserva el derecho a seguir viviendo en el inmueble hasta el día de su muerte. A cambio, el comprador adquiere ese piso a un precio muy por debajo de la media del mercado. Solo el año pasado, la venta de nuda propiedad creció un 36% en España.

Para el comprador se trata de una inversión a largo plazo porque previsiblemente tardará años en disfrutar de esa propiedad. Y para el vendedor es una forma de sacarle un rendimiento económico a su piso sin renunciar a él. Todos ganan, excepto los herederos del vendedor, claro.

"Suelen ser personas mayores que venden la titularidad de su piso a cambio del cobro de una cantidad única o de una renta vitalicia, pero se reservan el derecho de usufructo mientras vivan", asegura Mar Villa, de Grupo Retiro, empresa especializada en este tipo de transacciones.

"Se dice que en España la gente no ahorra o no invierte pensando en su jubilación, pero eso no es cierto. Lo que ocurre es que la mayoría de españoles tienen sus ahorros invertidos en su vivienda habitual o en una segunda residencia. La venta de la nuda propiedad lo que les permite es disfrutar durante la jubilación de esos ahorros de toda una vida sin perder su hogar", añade.

Villa expone que para muchos jubilados "es una forma de complementar la pensión cuando esta es muy justa", aunque en otros casos lo que buscan es "mantener un determinado nivel o calidad de vida una vez terminada la etapa laboral".

Asunción (nombre ficticio) tiene 73 años y hace ya tres que vendió la nuda propiedad del piso en el que reside con su marido, de 78, en el centro de Madrid. En su caso, no obstante, fue por necesidad debido a que su negocio entró en crisis.

"Tenía una empresa de exportación, pero empezaron a ir mal las cosas, cada vez peor, y me encontré en una situación económica muy, muy complicada. No sabía cómo salir de ella. Toqué muchos palos, llamé a mucha gente, tuve que vender cosas personales, joyas, una casa, un local... muchas cosas, pero no pude hacer frente a las deudas", explica.

Gracias a la venta de la nuda propiedad del piso en el que sigue viviendo encontró "un oasis de paz" después de "muchas noches sin poder dormir" y de "perder kilos" debido a la angustia por las deudas contraídas.

En su caso, optó por una modalidad mixta por la que recibió una cantidad inicial, que usó "para pagar las deudas", y una renta mensual durante 12 años: "El piso sigue siendo para mí y para mi marido hasta que fallezcamos los dos. Si a mí me pasa algo, mi marido podrá seguir viviendo en él, y si a él le ocurre algo, seguirá siendo para mí".

Asunción vendió su piso, un pequeño ático de apenas 40 metros, pero con terraza y situado en el distrito Retiro, uno de los más caros de Madrid, por 140.000 euros, prácticamente la mitad del precio actual de mercado. El comprador fue un grupo inversor, que busca rentabilidad a largo plazo: no suele haber muchos particulares interesados en adquirir este tipo de propiedades debido, precisamente, a que se trata de inversiones a largo plazo.

"Yo ya sé que el valor del piso está 'recortadito', pero me permitió hacer frente a las deudas y luego tengo una renta mensual que aunque no sea mucho, es una ayuda durante 12 añitos. Permite completar mi pensión, que es muy pequeña, porque aunque he estado trabajando toda mi vida, empecé a cotizar muy tarde", cuenta.

"Otra ventaja es que el comprador se hace cargo de pagar los gastos de comunidad, el IBI, el seguro de la casa y las posibles derramas que puedan surgir", subraya Asunción.

"Por contrato yo tengo que tener contacto con ellos (el comprador) dos veces al año para decirles que estamos bien y que no nos hemos muerto todavía", bromea. "Eso me hace gracia, pero es así. Siempre que les llamo es una conversación agradable, son gente muy maja que me preguntan por mis hijos y qué tal estamos, pero en definitiva es para decir que estamos aquí todavía".

Sobre sus hijos, que suelen ser los perdedores en este tipo de transacciones al quedarse sin herencia, Asunción cuenta que "afortunadamente" disfrutan de una buena situación económica: "Ellos tienen sus carreras, sus trabajos, y no necesitaban este piso para nada. No han tenido ningún problema en que lo vendiera, incluso me animaron a hacerlo".


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