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La vergonzosa actitud del profesorado español

21/01/2015 16:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El mayor miedo que parece tener el profesor en España no es que sus alumnos no alcancen los niveles esperados para su edad, sino que su obsesión parece estar más relacionado con el hecho de que no superen la media. Un problema serio que limita el desarrollo del alumno. Mal maestro crea mal aprendiz

Que este país es un desastre ya lo sabíamos todos, pero somos uno de los pocos territorios en el planeta en el que vayas adonde vayas lo único que ves es patetismo. Cuando Valle-Inclán representaba en sus obras teatrales cómo en España ni el rincón más recóndito, el ambiente más aislado de la vida social o el hombre con mejor apariencia se salvaban de acabar siendo mugre, muchos se llevaban las manos a la cabeza de cómo un escritor había sido capaz de criticarnos de forma tan encarnizada, pero, siendo honesto, es difícil pasear por la calle durante diez minutos y no ver al menos un ejemplo de degradación humana. Somos una auténtica caricatura.

Somos vagos, tristes y desapegados de nuestra historia. Dedicamos la vida a hablar de cosas de las que no tenemos ni idea, a despotricar sobre el que se sienta a nuestro lado y a aportar las mismas soluciones que escuchamos de la boca de otros, para luego seguir viendo nuestro programa de televisión favorito y gritar como posesos frente a la pantalla para que nuestro ser humano demacrado favorito no se quede fuera de ese concurso que nadie ve, pero que, después, todos son capaces de comentar con detalle. Nadie innova, todos nos dedicamos a decir lo mismo una y otra vez pero no queremos ser el loco que se decida a hacer algo diferente. Así, seguimos siendo unos acomplejados toda la vida, proyectos de algo que nuestra propia vergüenza nos ha impedido ser.

Y es que aquí, destacar es un crimen. Si uno es mejor de lo normal, se lo tiene que callar y parecer de los normales, porque si no aquí nadie te va a ofrecer su ayuda. Preferimos cerrar los ojos, vivir en nuestro mundo de mediocridad y hacer como que las personas con futuro, esas que tienen grandes estudios e ilusiones y consiguen sus metas, no solo no son de los nuestros, sino que son españoles de segunda clase y "élite". Triunfar es antiespañol, conseguir tus metas es negativo a ojos de la ciudadanía, y es que parece que negarte a seguir a la manada esté marcado en la Constitución como un pecado capital. Si eres tonto, porque eres tonto. Si eres inteligente, porque eres inteligente. Tienes que estar dentro de la mediocridad para ser aceptado, porque si no, estás listo.

No obstante, cuando eres pequeño, te cuentan esa historia de que tú eres el que tiene que levantar el país, que es esa típica frase en la que el mayor le pasa la patata caliente al pequeño, y es que, ya que ellos no han sido capaces de hacer gran cosa por España, toca culpar a los jóvenes si la cosa va mal en el futuro. El ciclo pasa de generación en generación, pero la nación sigue igual. La historia demuestra que seguimos siendo igual de hipócritas que hace ciento cincuenta años, y que la libertad que hemos conseguido para lo único que nos ha servido es para lograr que hacer el vago pase de actividad clandestina a deporte nacional.

Aquí viene algo que me encanta, y es cuando los padres dicen de sus hijos la típica frase de "vaya, no sé cómo me ha podido salir un hijo así, si yo lo he educado", frase que dicen mientras se rascan una barriga de proporciones bíblicas y ojean esa revista ya pasada donde se cuentan los últimos cotilleos de personajes que luego criticarán con sus amigos, pero a los cuales envidiarán siempre. Se olvidan de aquellas veces que le enseñaron a su hijo, con frases como las del párrafo anterior, que la culpa siempre es de otro. La familia no da la talla a la hora de introducir en la mente de los pequeños la idea de responsabilidad, y queda el último bastión, la educación.

Los profesores, en los últimos años, han pasado de héroes a villanos. Antes no hacían nada más que enseñar medianías y desesperar intelectos, pero por lo menos eran respetados. Ahora ya ni eso. Los padres, muy maduros ellos, han decidido que si su hijo suspende es culpa del profesor y del sistema educativo, y ya no hace falta ni tenerle respeto al maestro. La ignorancia es la madre del atrevimiento, y personajes grotescos que no han sabido ni infundir en su hijo ideales mínimamente decentes tienen la osadía de ir a otro individuo a criticar la falta de calidad de su enseñanza. Parece mentira, pero es el tono habitual de la vida estudiantil.

Pudiendo ser héroes, los maestros hacen todo lo contrario. Enseñan a ser mediocre, porque no son más que una parte del sistema empobrecida por este de la misma forma que las demás. Son acomplejados co

Eso sí, cuando haya que buscar un culpable de que España esté como está, el señalado es el sistema educativo. Pero, como nos gusta criticar a lo que está por encima de nosotros, no nos contentamos con decir que el profesor es el culpable de que nuestros hijos no sepan ni asimilar la lectura de un texto sencillo y que lo más largo que quieran leer sea la crónica de su partido de fútbol favorito, sino que encima, la culpa de que el profesor sea un cretino la tiene el sistema y, por ende, el Gobierno. El español es capaz de juzgar a todo aquel que está a su alrededor sin ningún problema, pues lo sabemos todo. Y si no lo sabemos, escucharemos a alguien por la calle gritar mientras rompe un escaparate a golpe de piedra y acuñaremos su frase como si fuera santo y seña de la Revolución intelectual.

No obstante, y ahora viene lo más fuerte de todo, lo curioso es que tienen razón en señalar a los profesores. Siendo que todos asumimos que gran parte de España es una absoluta inepta, deberían ser ellos los que levantasen intelectualmente a sus alumnos y les introdujesen, aunque fuese de forma mínima, en la cultura, pero es que, pudiendo ser héroes, los maestros hacen todo lo contrario. Enseñan a ser mediocre, porque no son más que una parte del sistema empobrecida por este de la misma forma que las demás. Son acomplejados con carrera, y tienen miedo de quedar como ignorantes.

Muchas veces, dentro de mi formación, me he dado cuenta de que los profesores tienen el temor de mostrarse débiles, de reconocer sus errores. De verdad, me han cogido manía infinidad de veces por negarme a aceptar como cierto algo que no lo era, y me han corregido muchos trabajos por estar a un nivel "excesivo" y con un lenguaje "demasiado complejo para mi edad", cosa que he visto también en otros compañeros. Igualar por abajo es el cáncer de la sociedad española, y es que no solo queremos ser malos y no tener que hacer nada para remediarlo, sino que encima queremos que los demás sean iguales o peores que nosotros. Los profesores limitan al alumnado, pues el niño al que le dicen "no uses este lenguaje que te viene grande" aunque lo haya hecho de forma excelente, está viendo cortadas sus alas, está siendo devuelto al nivel paupérrimo de la masa borrega

Y, por si no fuera suficiente, está otro elemento, y es que una gran proporción, desgraciadamente, del profesorado español, tiene la terrible costumbre de infundir pensamientos en sus alumnos en relación a una ideología u otra. Yo, que he estado en contacto con ambientes estudiantiles públicos y privados por igual, tengo que reconocer, algo avergonzado, que la educación privada es más tolerante que la pública. Jamás se me ha dicho en un centro privado que no pueda manifestar mis opiniones abiertamente, mientras en la educación pública decir algo que no sea "viva el Comunismo, Stalin era el jefe, muerte al capitalismo" es motivo de que el típico profesor anclado en conflictos del pasado te señale como el diferente y rebaje sustancialmente tu calificación.

Como resumen de todo esto, diré que la educación española se basa en enseñarte conocimientos básicos de todas las materias a estudio, pero no con el objetivo de potenciar individualmente a cada alumno, sino con la meta de igualarnos a todos dentro de un estándar común, donde el profesor es cómplice de pisotear al diferente, de limitar la capacidad de expresión de una persona, de negarle, con excusas nefastas, que pueda escribir o expresarse de forma correcta y, para más inri, decirle a los alumnos que defiendan su libertad de expresión, que, para el profesor moderno, constituye el derecho a expresar tus ideas siempre y cuando estas le parezcan bien y se ajusten a lo que la sociedad ignorante considera como certeza absoluta. Hemos basado la educación en la incultura.

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