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Vértigo de cobardía

23/09/2010 17:48 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

"Como decía Platón, cuando en una sociedad los buenos se mantienen retirados en sus casas, es con toda justicia que gobiernan los peores". Unamuno. Conferencias

"... inexplicable a menos que se admita que un vértigo de cobardía o de indecisión...." Javier Cercas. Anatomía de un instante.

Hay muchas cosas en España que no tienen explicación, o al menos no tienen explicación racional. Muchas situaciones se las pretende explicar desde la pura causalidad, trasladando el análisis que hacemos de los fenómenos físicos, con sus leyes y sus regularidades, a los fenómenos psicológicos.

Los tiempos en que se trasladaba, o se copiaba, al mundo del alma o del espíritu humano lo que pasaba en el mundo físico, aún no han pasado en nuestros análisis, y eso hace que ni la voluntad ni la libertad individual aparezcan ni en las causas ni en las soluciones de los problemas.

Pero cuando nos referimos a los problemas sociales que nos aquejan trasladamos, o intentamos trasladar, la misma causalidad a dichos problemas sociales, los cuales tienen una referencia distinta: dichos problemas son creados por personas con voluntad y libres, y precisamente estas características no aparecen en dichos análisis.

En principio, pues, "vemos" una concordancia entre los fenómenos físicos y los fenómenos mentales; y digo que vemos porque todos los analistas y todos los "pensantes" nos dicen cada día, nos enseñan en cada escuela, nos pregonan en cada esquina, nos predican en cada púlpito que el "hombre está sometido a unas leyes, al igual que la naturaleza, ya sean de carácter físico como moral".La consecuencia psicológica de toda esta mentalidad es el anonadamiento, la impotencia, el estar noqueado, el sentimiento de inferioridad.

Cuando vemos que alguien habla y no sabemos lo que dice, exclamamos que "¡habla muy bien!", aunque no sepamos qué ha dicho, o aunque sepamos que ha dicho bobadas. Así decimos, cuando vemos que una persona tiene mucha labia que ¡vale para político!, pues ya metemos en esta "profesión" a las personas que no valen para nada y que pretenden hablar bien, aunque ni ellos mismos sepan lo que dicen.

La consecuencia, en cuanto al imperium, es que surge toda una clase de personas que es la que nos domina, y que se creen "sacerdotes" de esa "religión", consistente en hacer llegar al común de los mortales la "identidad" entre leyes de la naturaleza y leyes psicológicas, haciéndonos ver que quien se sale de ese esquema es el "tonto", o el desadaptado, o el ácrata, o el raro.

A partir de aquí cada cual puede recrear la escena que quiera, pero sin duda lo más "normal" es que surgen dos galaxias que ni se conocen ni se comunican; y lo peor, es que se les proyectan criterios morales, según la cual una de ellas es la "buena" y la otra la "mala"; si además le añadimos criterios religiosos, nos creemos que en la "buena" están los "salvados" y en la "mala" los "condenados"; podemos añadirle, además criterios geográficos, y diremos que los "salvados" que son los buenos, están en la "ciudad" y los "condenados" que son los "malos", están en los "pueblos".

Podemos seguir añadiéndoles tantos criterios como queramos, pero todo "arranca" de esa "base natural" o esa "creencia" en que tiene que haber ese "paralelismo" entre nuestra mente y lo que llamamos realidad física.

Ahora bien, vemos que existe en ese rincón íntimo que llamamos conciencia, la posibilidad de decir "no", es decir, existe la libertad. Claro está, que como oímos decir a los "gurús del imperium" que la libertad es lo contrario, es decir, que es la "acomodación" de nuestra conducta a unas leyes, y además son los que han estudiado, y además toda la estructura social está encauzada en esa dirección, nos sentimos "acomplejados" al pensar que de nuestra nimia conciencia pueda surgir otra cosa que lo que todos los sabios dicen y estudian y se les conceden cátedras y honores.

En multitud de situaciones nos acobardamos, nos sentimos solos y nos dejamos anonadar; aguantamos "carros y carretas", aguantamos insultos y situaciones desagradables; ante situaciones de injusticia nos callamos y nos escondemos pensando que si nos solidarizamos nos pueda pasar a nosotros lo mismo; toleramos vulgaridad tras vulgaridad en una generación y en otra del imperium sólo por no vernos señalados por el dedo.

Todas estas situaciones son aguantables por nosotros desde ese acomplejamiento que nos acompaña y que desde pequeños somos acunados con ese lenguaje del "¡ten cuidado!", "¡no te metas en líos!", "¡tú a lo tuyo!"

Así surge la impotencia ante situaciones trágicas como las que está viviendo nuestro país, donde el "¡¿qué puedo hacer yo?!" es la frase que expresa la impotencia máxima, aunque en nosotros anide el sentimiento de solidaridad; pero, con ese sentimiento pasa lo mismo que con la libertad: que nos escondemos ante lo que predican los del imperium creyendo que lo que nosotros decimos o pensamos no vale nada o casi nada.

Quizás sea este el "drama español", teñido todo él por la tragedia, pues en el drama hay una voluntad de superar todo aquello que esté mal o se ve mal; pero la tragedia es la anegación de dicha voluntad, transida toda ella por la impotencia de gritar todo aquello que llevamos dentro y que no nos atrevemos a decir por miedo al ridículo.

Antonio Fidalgo

Secretario de cultura del CDS


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