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Si se violentan las leyes se rompe el estado de derecho

17/08/2010 20:13 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

¿A qué jugamos en este país?, especialmente a qué juega una cierta izquierda que a todas luces esta forzando el marco jurídico de nuestra democracia. ¿Qué es lo que se quiere conseguir?; ¿cuál es la supuesta justificación moral que les asiste? A tenor de lo que estamos viendo y viviendo estos comportamientos no nos traerán nada bueno y que además de irresponsables están demostrando, una vez más, que no creen en la democracia; que no respetan las reglas del juego y que quieren ganar en la calle lo que de ninguna otra manera en un Estado democrático es fácilmente defendible.

Este anómalo comportamiento, que se ve apoyado por el Gobierno por activa en algunos casos y por pasiva en otros, no es novedoso, es la táctica revolucionaria que subvierte todo el orden establecido sin más alternativa de convivencia que la imposición de facto de su concepción ideológica de la sociedad. Ejemplos a lo largo de la historia no nos faltan, siendo los más recientes históricamente hablando, los procesos revolucionarios de finales del XIX y de todo el siglo XX. He de recordar que esta conculcación del Estado de Derecho solo ha supuesto horror, muerte y totalitarismos. No hay un solo ejemplo en la Historia que justifique la ingeniería social y el proceso revolucionario en contra de la democracia liberal. Ni uno solo, miren a su alrededor, repasen las hemerotecas.

Sin ir más lejos recordemos nuestro dolorosísimo periodo que va desde el año 31 al año 39. Aquella ansiada República deseada por la mayoría, básicamente en virtud de una monarquía agotada de ideas y escasa de justicia social, muy pronto se vio superada por las ansias revolucionarias. Aquel periodo se destaca por la enorme irresponsabilidad de una parte importante de la clase política y de la elite dirigente. Algo que pudo haber sido el marco en el que los españoles, tras muchos siglos de desigualdades e injusticias, pudiéramos por fin empezar a construir una sociedad abierta, con leyes equitativas y en consecuencia justas, se vio frustrado muy pronto por los continuos ataques que sufrió de unos y de otros; muy en especial de una izquierda infantiloide y revolucionaria, que a la luz del conocimiento se demostró incapaz de aceptar los principios y las normas de la democracia liberal. Recuerden, aquello fue una autentica jauría política que no tubo empachos en declarar en numerosas ocasiones, que no queríamos una República liberal y democrática, por lo que muy pronto esta República se vilipendio y se la tachaba de burguesa y pueril: en una palabra prescindible, superable por la izquierda. El símil goyesco pasó de nuevo a presidir nuestros momentos más decisivos, y el resultado, que todos conocemos, no pudo ser más desastroso, en especial para la mayoría de los españoles, gente de buena fe que fuimos en esencia los que acabamos sufriendo una cruenta guerra civil y después una oprobiosa dictadura. Para concluir, reitero las palabras de nuestro gran filósofo contemporáneo, Don Julián Marías: "No estoy ni con los injustamente vencidos ni con los justamente vencedores". Cuanta falta nos hace la tercera España, una España de todos y para todos, donde prime por encima de cualquier otra consideración, el respeto al marco jurídico, garante de la convivencia pacífica y del libre ejercicio de los Derechos y la Libertad. Unas leyes que garanticen la igualdad de todos los ciudadanos de España, independientemente de su condición cultural, económica, social o política. Esta sí que sería la forma de gobierno que nos merecemos la única que puede ayudar a la superación de los enconos del pasado y la única que garantizaría darle a cada cual lo suyo.

En estos precisos momentos en que estamos viviendo una situación extremadamente dramática, en especial, para aquellos cinco millones de ciudadanos que no tienen trabajo y que en muchos casos empiezan ya a carecer de las cosas vitales más elementales, hemos vuelto a caer en la trampa de querer romper el marco jurídico. Recordemos que a raíz de la TRANSICIÓN POLÍTICA de finales de los años 70, un pacto social que obligó a todos, a unos y a otros, a renunciar a algunas aspiraciones, es cuando de verdad en España y por primera vez en nuestra historia moderna, empezamos a trabajar en positivo. Estos últimos treinta años han sido con mucha diferencia los más fecundos en toda nuestra larga y atormentada historia. Hemos disfrutado del reconocimiento mutuo como ciudadanos, independientemente y por encima de las ideologías y de otras aspiraciones de grupo. Por fin en estos años hemos logrado un avance importantísimo en la justicia social, en el libre y pacífico ejercicio de las libertades y sobre todo hemos disfrutado de un periodo de paz y convivencia entre hermanos que nos ha permitido volver a ser tenidos en cuenta en el contexto mundial. En este periodo España, ha conseguido un enorme prestigio en todo el mundo; en primer lugar, como ejemplo de transición pacifica y fecunda y en segundo lugar, nos ha permitido transformarnos en una sociedad moderna con industrias y servicios genuinamente nacionales y con peso específico en el ámbito internacional. ¿Por qué acabar con todo ello; es que hay algo mejor en algún otro sitio?. Que no nos engañen; no caigamos de nuevo en la dinámica cainita.

Estamos viviendo una reedición de aquel periodo que va desde el 31 hasta el 36, como poco en las formas y esto no es casual; es una de las estrategias más importante que una cierta izquierda revolucionaria y leninista que se ha utilizado siempre para conseguir romper el marco jurídico que garantiza la democracia. En la anterior legislatura este Gobierno presidido por Don José Luis Rodríguez Zapatero, desarrolló una estrategia que sólo pretendió, y lo consiguió en muchos aspectos, excluir del juego político al otro gran partido de ámbito estatal. Recuerdan aquella frase de el "cordón sanitario", refiriéndose al partido popular y a sus gentes, o aquella otra de que "los que votan al PP. son unos hijos de puta"; y qué decir de los múltiples pactos con los nacionalistas a fin de neutralizar en las instituciones a la oposición conservadora; por no hablar de las rupturas de los consensos conseguidos en la transición y muchos de ellos consagrados en la Constitución del 78.

Esta táctica no es casual y demuestra una vez más que una parte de nuestra izquierda no ha superado la fase revolucionaria e infantiloide y que con tal de perpetuarse en el poder, están dispuestos a todo tipo de trampas y mentiras. De nuevo se desentierran odios y rencores de un pasado que creíamos todos, porque nos convenía a todos como hermanos que somos, superados de una vez por todas; no digo olvidar, solo superar en aras de un estadio superior de convivencia; digo que hay que recordarlo pero únicamente para tener claro que ese error, que es tragedia, no podemos otra vez propiciarla. Es más que probable que el propio Gobierno, que se supone de todos los Españoles, esté utilizando esta estrategia para distraernos de lo verdaderamente importante: la grave crisis económica, financiera y de valores que como he dicho antes se ha llevado por delante ya más de cuatro millones de empleos y más de trescientas mil empresas, y de que no empezar ya, sin más dilaciones a trabajar en positivo, con un consenso básico entre todos; puede acabar llevándonos a una situación que prolongue en el tiempo la falta de empleo, y las carencias de todo tipo que esta afectando ya a una parte sustancial de nuestra sociedad.

Por encima de las justas aspiraciones de cada grupo político, por encima del derecho que se crea, que les asiste a cualquier bandería, esta el interés de todos los ciudadanos de España, sin distinciones. Desde el pCUA (partido ciudadanos unidos de Aragón) les conmino a mirar en lo más profundo de su corazón y a utilizar la parte más elevada de nuestro cerebro para que nos pongamos de acuerdo y poniendo todos y cada uno de nosotros lo mejor de nosotros mismos, nos dejemos de egoísmos y empecemos a trabajar pensando en el prójimo. Españoles somos todos y no puedo admitir que se hagan diferencias injustas ni exclusiones de ningún tipo. Los españoles somos lo primero y lo único importante, y digo y repito, TODOS, SIN DIFERENCIAS.


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