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Dos visiones españolas sobre Israel

23/06/2011 10:42 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageUno de los hallazgos literarios que más me han interesado últimamente, ha sido el Diario de Jerusalén escrito por el cónsul español Don Antonio de la Cierva, conde de Ballobar, durante el periodo de la primera Guerra Mundial. España era entonces un país relativamente poco importante en la zona, que apenas gestionaba algunas responsabilidades históricas relacionadas princialmente con la Custodia Franciscana de Tierra Santa; en este sentido, casi no se menciona en esos diarios a ciudadanos españoles que, no siendo religiosos, vivieran en Jerusalén o tuvieran intereses comerciales en Palestina. En cualquier caso, sí que había judíos sefardíes descendientes de españoles, por los que el conde mostraba un sincero aprecio e interés. Con el inicio de la contienda el cónsul español empezó a aumentar responsabilidades al traspasarle Francia y Bélgica sus intereses consulares. Más adelante, al entrar Italia en la guerra, heredó las del resto de los aliados europeos continentales; y al entrar EEUU, también le encargaron la gestión de los importantes intereses diplomáticos de los ciudadanos americanos y británicos, muchos de ellos judíos del movimiento sionista. Por fin, cuando las tornas de la guerra se torcieron para los turcos, recibió la responsabilidad de administrar los intereses de los Imperios centrales, con lo que Don Antonio se convirtió en una especie de cónsul universal en Jerusalén.

"6 de junio de 1917. Trabajo enorme con la contabilidad española, francesa, inglesa, rusa, americana, rumana... Mi salud, gracias a Dios, es lo bastante robusta como para soportar no sólo el ímprobo trabajo de representación de tantos países, sino para aguantar las comidas de los alemanes, ¡que ya es decir!"

Esta peripecia consular sacada de las carambolas e la Historia, aparte de ser humanamente muy interesante y halagadora para mí como español, nos muestra el paisaje político previo del que más adelante se convertirá en el escenario del conflicto entre árabes e israelíes, probablemente el más largo y enconado del siglo XX. Estos diarios coinciden cronológicamente con episodios tan importantes como la Declaración de Balfour, quien en nombre del gobierno británico se comprometió a favorecer la creación de un hogar nacional para el pueblo judío; mientras que al mismo tiempo los militares británicos prometían lo propio a los árabes para separarlos del lado de Turquía. En el libro, sin pretenderlo, el conde de Ballobar nos va a dar pistas para interpretar muchos de los tópicos que hoy existen sobre los israelíes, los palestinos y sobre el conflicto de ambos pueblos.

Lo primero que se aprecia claramente en los diarios, es que los árabes de Palestina no eran más que súbditos de los despóticos mutasarrif (gobernadores) turcos, ya que pertenecían al imperio otomano que gobernaba casi todo Oriente medio desde principios del siglo XVI. Palestina, en el tiempo de estos diarios, era sólo un trozo de la gran provincia de Siria gobernada desde Damasco por un valí. El destino de los árabes, los cristianos y los judíos que vivian en las tierras bíblicas era dirigido de un modo absolutista desde Constantinopla por los sultanes y la Sublime puerta (el gobierno imperial). Da una idea de la situación el relato de cómo vivió el conde e Ballobar la toma de Jerusalén por los ingleses:

"9 de diciembre de 1917. Realmente nunca he visto un entusiasmo popular tan espontaneo y tan grande. [...] Por las calles circulaba una multitud enorme embargada de una satisfacción sin límites, de un entusiasmo comprensible y excusable. Porque es imposible imaginar un gobierno más detestado y detestable que el turco."

No es de extrañar esa alegría, sobre todo a la luz de algunas anotaciones que hace nuestro consul sobre el trato que podían llegar a recibir de los turcos los líderes de la comunidad árabe:

"18 de enero de 1917. Ayer de madrugada ahorcaron al lado de mi casa a Arif, el desgraciado muftí de Gaza y a otro individuo. A la misma hora los soldados fusilaban a otros desgraciados, entre ellos al hijo del citado. La impresión no es para ser dicha, pues el muftí es para los musulmanes como un patriarca o un obispo para nosotros. Además, el finado tenía una influencia enorme entre los árabes, especialmente los beduinos."

Desde luego, el conde de Ballobar, no sabía lo que ocurría 30, 40 o 70 años después, seguramente, porque ni podía anticipar lo que iba a suceder ni en 2 semanas, así que sus anotaciones son de lo más relevantes; como, por ejemplo, la constatación durante sus viajes de que las tierras de las comunidades judías, compradas por el sionismo a los turcos y a los terratenientes árabes, eran un prodigio de productividad, organización y belleza, mientras que las de los árabes eran improductivas y lamentables.

4 de marzo de 1917. El martes empecé a visitar las colonias israelíes. Comencé por Rishon le-Sion, adonde llegué en una hora de viaje y por un camino aceptable [...]. Después de almorzar y echar la siesta me dediqué durante un buen rato a la visita de la hermosa llanura de Sharon y a pensar que la Tierra de Promisión no era como se cree un 'bluff', sino una realidad que los sionistas cuentan con volver a resucitar."

"Estuvimos luego en Petah-tiqwa, palabra que en hebreo significa "Puerta de esperanza" . Es una magnífica propiedad de 6000 hectáreas [...]. En esta llanura cuya estimación actual es de 60 millones de francos, hay hermosas plantaciones de naranjos limoneros, almendros, viñas y árboles frutales de una riqueza asombrosa. El agua necesaria es proporcionada por una instalación formada por dos potentes motores alemanes [...]. Allí se hacen estudios sobre diferentes variedades de frutales, especialmente naranjos y pomelos [...] Una hectárea de ella basta para alimentar 25 vacas. Al lado de dicha estación se extiende una marisma de 200 hectáreas completamente inculta y foco de malaria y demás fiebres palúdicas. Los judíos solicitaron al gobierno, a quien pertenece, que se les cediera para sanearla evitando estas enfermedades y plantarla de eucaliptos y naranjos, comprometiéndose a pagar al Estado la tercera parte de sus productos. El estado no aceptó."

Otra apreciación que le tocaba muy de cerca desmiente el mito de la feliz convivencia entre culturas en el seno de las sociedades musulmanas. De hecho, el incipiente nacionalismo otomano del partido de los Jóvenes Turcos había puesto en el punto de mira a cristianos y judíos. Para los judíos aumentaron los actos de despotismo de la administración turca mediante su expulsión, la toma de rehenes, o el robo de sus propiedades; algunos de ellos acudieron al conde de Ballobar para hacerle partícipe de su angustiosa situación y confiarle la custodia de sus intereses. Para los cristianos turcos, casi todos armenios, la cosa fue mucho peor, ya que fueron víctimas de asesinatos en masa, se quemaron ciudades armenias enteras y se les obligó a huir a Rusia por los montes caucásicos muriendo muchos por el camino. De algunas de estas atrocidades le hizo relación a nuestro consul ecuménico un oficial venezolano que curiosamete servía en el ejército turco, y con el que trabó cierta amistad.

De hecho, quienes entren por la puerta de Jaffa de la ciudad antigua de Jerusalén, aún podrán contemplar en las tenduchas de antigüedades y baratijas del barrio armenio posters y carteles pegados a los cristales que hacen referencia a aquel genocidio, en los que se pueden ver fotos tomadas por los turcos de armenios decapitados y pilas de cadáveres como las que luego se vieron en la Europa de los nazis pero esta vez con judíos. No es de extrañar que aún lo tengan en la memoria, ya que seguramente los dueños de las tiendas, así como muchos de los habitantes del barrio armenio, son descendientes de los huidos de las masacres. Tal vez alguno de ellos conoció a un joven diplomático español y tuvo la oportunidad de contarle en primera persona su tragedia.

En este punto, quiero empezar con mi experiencia personal. Hace un par de años tuve la suerte, por motivos de trabajo, de poder visitar Israel y aprovechar para tomarme unas vacaciones. Por tanto alquilé un coche para admirar algunos de los lugares que durante mi vida más han excitado mi imaginación: Cafarnaúm y los lugares del Nuevo Testamento en Galilea, la ciudad de Jerusalén; San Juan de Acre, la cuidad templaría; Haifa y su puerto; conocer un kibutz; visitar Tel Aviv y su ciudad antigua Jaffa; Qmram, donde apareciron los manuscritos del Mar Muerto,   y no quiero olvidarme de Masada, imborrable para mi desde que de niño vi la serie homónima en la que Peter O'Tole, interpretando a Cornelio Flavio Silva, mandaba el monstruoso ariete romano por ese prodigio de la ingeniería militar que es la cuesta construida por esclavos judíos, y que aún existe. Por supuesto, lo hice con el libro de Flavio Josefo en las manos, el general judío pasado a los romanos, mediante el que trataba de imaginarme in situ las circunstancias terribles del asedio en el que los defensores prefirieron el suicidio a la sumisión a los romanos. Hoy en día, por lo que pude apreciar, Masada es un paraje simbólico del Estado de Israel: no es para menos. Actualmente es escenario de paradas militares, con una gran iluminación y con gradas para el público. Nuestra heróica Numancia, hermanada en la tragedia con Masada, no tiene la suerte de servir, al menos, para ensalzar la (quebrantada) moral de nuestros soldados; cosa que aprovecho desde aquí para proponer.

Leyendo la biblia y algunos pasajes históricos como el de Masada, uno puede darse cuenta -más estando allí-, de que la tierra de Israel es tan intrínseca para los judíos, como la Meca para los musulmanes, y tanto como Roma lo es para los católicos. Por eso me cuesta entender que a lo largo del siglo XX, más lo poco que llevamos del XXI, muchos de los principales líderes del mundo musulmán se hayan recreado principalmente en las amenazas a Israel, sin dar más alternativas a los judíos que la sumisión, la expulsión o la destrucción. Con esas premisas fueron a la guerra tres veces y tres veces perdieron; por tanto la posible legitimidad de sus argumentos ha quedado largamente anulada por sus actos. Podremos discutir en vano sobre la legitimindad de la existencia de Israel, pero cuando hasta sus enemigos acérrimos, como Egipto y Jordania, la han terminado reconociendo, la cuestión ya es puramente sofística. Naturalmente, no van a desaparecer mitos muy extendidos sobre esa legitimidad del estado de Israel, como el de que los judíos sacaron ventaja de la partición gracias al terrorismo que llevaron a cabo contra la administración británica, lo que es una simpleza; ya que nadie de los que afirma eso, se atrevería a negar la existencia del estado de Irlanda, cuya independencia llegó en 1921, mediante el terrorismo del IRA, y aprovechando la coyuntura de la Guerra europea. En este sentido se tiende a olvidar los estallidos de violencia y los disturbios árabes. Algunos especialmente graves como los que acontecieron durante el periodo de 1936-39 en los que murieron aseisnados cerca de 200 soldados y funcionarios ingleses.

Los judíos, por supuesto, no salieron indemnes de estas revueltas árabes, que se justificó como resistencia a la inmigración sionista. Lo que está claro es que la generalización de la violencia fue mejor gestionada por los judíos quienes al final consiguieron forzar la salida de los ingleses y estar mejor preparados que los árabes para defender su derecho a la existencia. No se puede visitar la ciudad de Tel Aviv sin dejar de pasar por Jafo (Jaffa) la bonita ciudad antigua, pequeña y recoleta como una especie de Ibiza. Hoy, que está de moda en los medios de comunicación eso de llamar a todas las urbes palestinas "campos de refugiados", quizá deberían saber que la moderna y cosmopolita Tel Aviv también podría llamarse asímismo "campo de refugiados", sólo que en este caso de Tel Aviv fueron los habitantes judíos de Jaffa los obligados a abandonar la ciudad. ¿Llegaría a imaginarse el conde Ballobar que ese  pequeño grupo de casas,   de tiendas de campaña, y escandalosos gimnasios mixtos, que contempló en Tel Aviv se convertiría en una próspera urbe con rascacielos y enormes hoteles gracias al esfuerzo y a la perspicacia de sus habitantes?

No es gratuita la fama de pueblo inteligente de los israelíes. Como botón de muestra, desde su creación en 1948 han ganado 9 premios Nobel, en comparación España ha ganado 4, quintuplicándoles en población. Para más escarnio, Israel vive en un conflicto permanente que obliga a mantener a lo mejor de su juventud en el Ejército durante al menos 3 años. ¿A que es debido este éxito intelectual como país? Desde luego no a la resignación, ni a la complacencia, ni al fatalismo, ni al victimismo omnipresente en sus vecinos árabes, y especialmente entre los palestinos. Si para los alemanes la puntualidad es un rasgo nacional y para los japoneses la ceremoniosidad; para los palestinos el rasgo nacional es el victimismo. En casi todas las conversaciones que tuve con palestinos tuve siempre la sensación de me estaban cobrando el plus del drama nacional con la misma formalidad con la que aquí te retienen el IVA. No puedes dejar una tienda o rechazar una oferta sin que de una u otra manera te intenten extorsionar con el drama de su pueblo. Es tan grosero, tan interesado, tan claramente un subproducto para izquierdistas, que viendo la caricatura que supone esto para un europeo o un occidental estoy seguro que habrá conseguido que a más de un incauto se caiga la venda de los ojos.

La amenaza que supone para Israel la actitud de sus vecinos la ha convertido en una sociedad armada. Al entrar en un supermercado el guardia de seguridad te recibe con un M16 en ristre, al entrar en el hotel, el guardia te pedirá que abras el maletín, mochila o bolso mostrando ostensiblemente su metralleta UZI; no puedes entrar a un hotel o a un complejo vacacional sin que te abran el maletero del coche; incluso para entrar en un Mac Donalds. Lo triste es que no les faltan motivos. Habría que ser muy cínico para reprochárselo después las matanzas que han ocurrido en los autobuses, los hoteles y los centros comerciales.

imageEn Jerusalén todas las noches bajaba a tomar un par de cervezas al bar del hotel de estilo playero donde hice algo de amistad con el 'barman', siempre con la vista periferica puesta en una de atractivas las camareras; al parecer no andaba muy interesada por el mito del amante latino. El caso es que al bar del hotel acudían ya de noche a charlar grupos de chicas jóvenes soldados, supongo que al final de sus turnos. Lo cierto es que acudían con toda la impedimenta de correajes y fusiles M16 y los dejaban perezosamente a su lado en las sillas. En una de estas urgencias urinarias tan comunes en los catadores de lúpulo, le di una patada al rifle de una de ellas que lo mandé unos metros más para allá. Al final todo quedó en disculpas mutuas y en un cruce de sonrisas con ese grupo de guapas veinteañeras militarizadas, pero en un primer momento, como decían los clásicos "me quede corrido".

imageNo fue esa mi única interacción con jóvenes militares. Estando ya en el país no quería desperdiciar la oportunidad de conocer Cisjordania y los territorios de la Autoridad palestina. La cosa tenía ciertas complicaciones, ya que el seguro del coche no contemplaba lo que pudiera sucederle fuera de los límites territoriales de Israel. Tuve que preguntarlo dos veces, ya que me asaltaba esa duda de creer que si hay soldados de tu país y se impone la ley de tu país será porque es tu país. Bueno, pues el caso es que no. Así que me dispuse a subir la carretera de Hebrón a pesar de todo, y llegué a un puesto militar fronterizo con una torre de vigilancia como la de un aeropuerto pequeño. Allí los soldados me miraron el maletero del coche como siempre. Un joven soldado me preguntó dónde iba y me advirtió que lo hacía por mi cuenta y riesgo, ya que además de los problemas con los palestinos, también podía haber algún toque de queda " curfews ". En ese momento me pareció puro tremendismo, lógico en un soldado joven influenciable por la propaganda del terrorismo palestino y que, para colmo de males, tiene una de las misiones más enervantes que pueda tener un militar: la del controlar la misma barrera día tras día durante tres años. De hecho, en esta "guerra" no hay frentes, hay controles, y es en ellos donde se producen la mayoría de los enfrentamientos, de los incidentes y, lamentablemente, también de los abusos por parte de los militares.

El caso es que me aventuré a entrar en los territorios de la Autoridad palestina, como si conmigo no fuera la cosa. Lo cierto es que de entrada fue como pasar de conducir por autovía en España, a hacerlo por comarcales en Marruecos. La falta de indicadores y de señales hizo que me perdiera, con lo que en la siguiente desviación elegí al azar y me perdí aún más. Se me echaba la noche encima. Sólo me había cruzado con dos 4x4 que me adelantaron a toda velocidad; que supuse que serían de colonos. Por fin detrás en una curva me encontré con un terraplén de tierra cortando la carretera; de haber pasado media hora más tarde me hubiera empotrado con él. Visto lo visto, decidí volver por el mismo camino y dejarlo para otra ocasión. A la vuelta me encontré con el mismo soldado que me preguntó que porque volvía, y le conté mi cambio de opinión. Por último, me pidió el favor de llevar a una compañera que había terminado el turno hasta Be'er Sheva pero no era cuestión meterse de noche en ciudades que no conocía, así que amablemente me tuve que negar. La verdad es que ese soldado me resultó de lo más simpático. Espero que haya terminado su servicio y esté ahora disfrutando en las playas de Ko Samui o de Phuket en Tailandia, que es donde suelen ir en grupos después de terminado el servicio militar por aquello de desquitarse del estrés y del tedio tan inherentes al caqui.

No es nada raro eso de encontrar a jóvenes israelíes que te asaltan para pedirte que les lleves a tal o cual sitio. Las esperas en las paradas de los autobuses deben ser largas y no es como aquí que la mayoría de los jóvenes se compran el coche con el primer trabajo, ya que el primer trabajo debe esperar a la finalización del larguísimo servicio militar. Israel no es un país que sea ostentoso, seguramente porque tampoco es demasiado rico. Se aprecia que los coches no se cambian cada dos o tres años, y tampoco hay demasiados automóviles de lujo. Sin embargo, esto es, curiosamente, muy agradable: la impudicia, la indecencia y la exhibición ostentosa que pueden observarse tan comúnmente en Europa y que en esencia sólo son faltas de respeto y provocaciones, allí prácticamente no existen. La publicidad sexualmente llamativa y ese afán por destacar con lo más escandaloso que se tenga en el armario, diríase que son socialmente repudiadas. Las chicas visten con un agradable recato con faldas largas y rebecas, mientras que los jóvenes no tienen ese aspecto de facinerosos postmodernos tan común por estos pagos.

También es cierto que hay en Israel visiones extremas de la moralidad. Tuve la fortuna de cruzar por el barrio de Mea Shearim, el barrio de los judíos ultraortodoxos en Jerusalén, justo en el momento que se ponía el sol en sábado y sus habitantes salían de las sinagogas, y discutían en grupos supongo que sobre los misterios de la Torah. Allí el riguroso negro en los hombres y los pañuelos en la cabeza de las mujeres son la norma. Según me comentaron la sociedad israelí está cohesionada principalmente por la amenaza árabe, y que de no existir ésta, es probable que se produjeran tensiones graves entre la sociedad civil, más o menos, laica y los religiosos. No se entiende muy bien que a estas alturas haya quien se vea excusado de un servicio militar de años, sólo porque su papel en la sociedad es esperar a la llegada el mesías. Para más escarnio, muchos de ellos ni siquiera reconocen el Estado de Israel, igual que muchos árabes, aunque en este caso su motivación sea de orden profético, y es que encuentran al estado de Israel digamos que demasiado secular (*).

imagePor último no puede hablarse de Israel y dejar de hacerlo de uno de los episodios más lamentables de la Historia de la humanidad: el Genocidio de los judíos por parte de los nazis, o como se le conoce en Israel: la Shoah. Honestamente he de decir, que no me pareció que en Israel fuera algo especilmente omnipresente. Por la impresión que tengo de los judíos que he ido conociendo a los largo de mi vida, son los judíos de fuera de Israel, por ejemplo los de Estados Unidos, los que tienen una relación más dramática y personal con el Holocausto. Quizá los judíos de Israel han podido sustituir ese sentimiento trágico por otro constructivo relacionado con su éxito como comunidad nacional, capaz de elegir su futuro y defender su independencia. Obviamente allí está el museo Yad Vashem del holocausto y los archivos, etc., pero también puede encontrarse en los escaparates de las librerías el libro de fotos de los F15 israelíes sobrevolando el campo de Auschwitz, lo que les recuerda que no es su condición de víctimas, sino su esfuerzo colectivo lo que les ha permitido ser lo que hoy son.

Una de las enseñanzas útiles que el estado de Israel puede hacer a un Occidente que apuesta por la musulmanización y consiente todas sus faltas, es la de los sacrificios y esfuerzos nacionales que supone controlar a un 20% de la población enormemente refractaria a tu cultura y a tu civilización. Para colmo tenemos unos estados musulmanes cada vez más islamizados en el sur de Europa, que mañana pueden interpretar el papel que hoy representan los vecinos de Israel. Ese 20% de población musulmana llegará antes de una generación a muchos países de Europa, y en algunos se superará largamente. Podemos aprovechar los ejemplos que nos da Historia y anticiparnos a los problemas, o rechazar esos ejemplos y pagar las consecuencias: con lo que haremos que nuestros hijos tengan que vivir en primera persona todo lo hoy están viviendo los israelíes.

(*) Dejo aqui un vídeo musical muy interesante que muestra una talentosa confluencia de lo secular y lo religioso. También se aprecia como el Holocausto está presente en las conciencias de todos los judíos, pero a mi entender, especialmente en las de los no israelíes.


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tintinenelpaisdelosprogres.blogspot.com
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