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Votemos otra Constitución

09/12/2012 22:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El autor propone que se elaboren dos textos constitucionales alternativos y que se sometan a referéndum entre todos los españoles

Acaba de cumplir 34 años y dicen que ya no da más de sí. Los nacionalistas y la izquierda no paran de pregonar que es un modelo agotado y que hay que reformarlo. Y, como no podía ser de otra manera, quieren hacerlo a su antojo. Sin embargo la Constitución de 1978, que fue votada por todos los españoles, no debería ser modificada en la dirección que reclama una minoría desleal que nunca ha acatado completamente la Carta Magna.

Como ya escribí anteriormente, el actual modelo autonómico se creó principalmente para satisfacer a los nacionalistas vascos y catalanes. Pero a la vista está que no se han solucionado sus disputas y reivindicaciones, sino más bien al contrario. La feroz e insaciable ansia de los separatistas ha contribuido a deformar un Estado de las Autonomías que hoy dista mucho de aquel que fue concebido en 1978. Se ha debilitado la Nación porque los intereses políticos han prevalecido sobre los intereses generales. El chantaje nacionalista y la inacción de la actual casta política han creado un vacío de poder en el Estado que ha hecho que la Constitución no se cumpla ni se haga cumplir en ciertas regiones de España. Cuando dicen que nuestro modelo constitucional está agotado, cabría preguntarse: ¿quién lo ha agotado?

Mención aparte merece la enorme, ineficiente y ruinosa estructura administrativa que ha ido creciendo sin parar y degenerando hasta el punto de hacer que la crisis económica global sea mucho más profunda en nuestro país. Aunque esto sería para tratarlo más extensamente en otro artículo, me gustaría apuntar lo siguiente: según la última encuesta salarial del INE, los empleados públicos ganan de media 29.811 euros brutos anuales, mientras que la media en el sector privado está en 21.231 euros. Además, el 60% de los empleados públicos cobra más de 2.000 euros brutos al mes, mientras que en el sector privado sólo pasan de esa cantidad el 20% de los trabajadores. Es para reflexionar.

Así las cosas, los cambios constitucionales que últimamente se plantean (salvo honrosas excepciones como la plataforma Reconversión) van dirigidos a descentralizar aún más el Estado y a conseguir mayor autogobierno para los nacionalistas, como si eso fuera a terminar con su eterno chantaje. Como quiera que tarde o temprano habrá que plantearse una reforma de la Constitución, lo ideal sería proponer dos textos constitucionales alternativos para que todos los españoles pudiéramos elegir uno u otro, en vez de acatar un modelo que vendría impuesto por los partidos políticos y atendería, como he dicho, a razones políticas más que a los intereses generales de todos los ciudadanos. Los describo a continuación:

MODELO DE ESTADO CONFEDERAL

En este modelo las actuales CCAA pasarían a tener todas las competencias (incluidas las costosas pensiones, las prestaciones por desempleo, la planificación energética, la expedición de documentos de identidad, permisos de conducir, etc.), excepto la Defensa y la Representación Exterior. Las regiones recaudarían y gestionarían todos sus impuestos, contribuyendo con una mínima parte a sufragar los gastos anteriormente mencionados del Estado. Los territorios podrían organizarse en tantas capas administrativas como quisieran para desempeñar sus funciones, tal y como establecieran sus correspondientes Estatutos, que deberían ser aprobados por votación. El nuevo texto recogería la posibilidad de la secesión de un territorio mediante referéndum previo. La jefatura del Estado no recaería en el Rey (cuya figura quedaría abolida) sino en un presidente electo.

Se ha debilitado la Nación porque los intereses políticos han prevalecido sobre los intereses generales

Este es el mal llamado modelo federal, tan de moda últimamente. Lo que parecen ignorar los que lo defienden es que los sistemas federales se basan en la igualdad de los territorios federados y defienden firmemente la unidad nacional desde el convencimiento de que es la forma más conveniente para la defensa de los intereses nacionales. Además, los territorios federados reconocen la supremacía del todo sobre la parte, es decir, la prevalencia de la legislación del Estado, que es lo que se pretende evitar cuando algunos hablan de federalismo.

Este sistema acabaría con la España que hemos conocido durante más de 5 siglos. Supondría el fin de la solidaridad interregional y acentuaría las diferencias entre territorios. Además podría desembocar en regímenes liberticidas y corruptos (por no decir totalitarios) en los territorios que se independizaran del Estado, tal y como venimos observando en algunos Estados de reciente creación.

MODELO DE ESTADO CENTRAL

El segundo texto constitucional que propongo pasaría por devolver inmediatamente al Estado las competencias en materia de Educación, Sanidad, Justicia, Seguridad Ciudadana y otras. Se limitarían en la Constitución las atribuciones de las CCAA, que en cualquier caso no serían exclusivas. Se eliminarían los derechos históricos y privilegios como los Conciertos Económicos Vasco y Navarro, de cara a unificar la fiscalidad. Sólo existirían administraciones autonómicas y municipales, aparte de la Estatal, de manera que cualquier administración intermedia quedaría automáticamente derogada y sus competencias repartidas según lo establecido en la Constitución. Todos los impuestos, a excepción de los municipales, serían recaudados por el Estado, el cual transferiría a las regiones las cantidades necesarias para gestionar sus competencias. Este reparto sería prácticamente igual a la actual LOFCA, pero con partidas presupuestarias mucho menores. La jefatura del Estado seguiría recayendo en Rey, que tendría resuelto el asunto de la sucesión en esta reforma. Se limitarían los mandatos del presidente del Gobierno, de los presidentes Autonómicos y de los alcaldes a dos legislaturas. Las elecciones generales, autonómicas y municipales se realizarían de forma simultánea para reducir costes y sólo se podrían celebrar elecciones anticipadas en cualquier territorio previa autorización del Estado. La Ley Electoral sería reformada para que, entre otras cosas, sólo pudieran concurrir a las elecciones generales los partidos de ámbito nacional. El Tribunal Constitucional que hoy conocemos desaparecería y sus atribuciones serían asumidas por el Tribunal Supremo.

Si nuestros políticos tuvieran valor para asumir sus errores, honor para renunciar a sus privilegios y voluntad para solucionar los actuales problemas de España, estos dos modelos constitucionales radicalmente distintos serían presentados a la sociedad y votados para poner fin durante décadas a las disputas territoriales e identitarias. Además, la elección de un modelo u otro no sería una decisión política, sino una decisión del pueblo soberano. ¿A qué tienen miedo? Votemos otra Constitución.


Sobre esta noticia

Autor:
Sergio L. Quilates (7 noticias)
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1538
Tipo:
Opinión
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