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A vueltas con la burbuja inmoviliaria

11/08/2011 16:55 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Mucho ha llovido desde aquel 15 de enero de 2007, cuando José Luis Rodríguez Zapatero, presa de un arrebato repentino de optimismo, confesó entusiasmadamente: ‘ Vamos a superar a Alemania en renta per cápita. De aquí al 2010 les podemos superar perfectamente. Igualar y superar ligeramente. Es que el crecimiento de España está en el 4%. Creando empleo. Sólo con esa cifra uno, como presidente de Gobierno, se siente ya absolutamente reconfortado en el balance de su actuación’ . De aquella aún no se había extinguido por completo el impulso dado por el Gobierno de José María Aznar a la economía española. Y eso, a pesar del obsceno despilfarro iniciado por Zapatero desde el momento mismo en que fue investido presidente y, cómo no, de su errática y equivocada política.

Pero el efecto beneficioso de la herencia recibida de Aznar ha llegado a su fin y el estado de nuestras cuentas no puede ser más catastrófico, circunstancia que nos coloca en el furgón de cola de la Unión Europea. Pero Zapatero, como siempre, tratará de desvincularse de cualquier situación negativa y buscara insistentemente a alguien a quién echar la culpa de la tremenda crisis económica que padecemos. Por supuesto, según nos dice, la raíz de todos los males de nuestra economía está en el abuso irresponsable que se ha hecho del ladrillo durante los mandatos de Aznar. Y tenía que ser José María Aznar, quizás influenciado maléficamente por el ex presidente norteamericano George Bush, el que pusiera en marcha la dichosa burbuja inmobiliaria.

En el último Debate celebrado sobre el estado de la Nación, Rodríguez Zapatero se queja amargamente de la burbuja inmobiliaria que heredó de los Gobiernos de Aznar. Pues no puede ser una herencia buena el crecimiento alocado de la inversión en vivienda, desatado entre 1996 y 2004, circunstancia que provocó un endeudamiento desmesurado de las familias. Circunstancia esta que, además de agravar nuestra crisis económica, ha propiciado la destrucción de empleo tan elevada que padecemos. Zapatero llegó a afirmar incluso que estaba profundamente arrepentido de no ‘ haber pinchado o intentar pinchar la burbuja inmobiliaria con la que conviví durante dos o tres años’ .

Según Zapatero, nuestra crisis económica está vinculada casi exclusivamente a la crisis del ladrillo, a la dichosa burbuja inmobiliaria. No se da cuenta que hay otras burbujas, tan culpables, o más, de nuestra situación económica, como es el caso de la burbuja financiera, la burbuja de las energías renovables, la burbuja creciente de nuestra deuda pública y, cómo no, la burbuja de su propia incompetencia planetaria. Su única obsesión es la burbuja inmobiliaria, heredada del Partido Popular. Para el actual presidente del Gobierno, el 70% de los puestos de trabajo, perdidos en España durante estos años de crisis, proceden de la burbuja inmobiliaria derivada de las leyes habilitadas por el Gobierno de José María Aznar. La prueba del algodón, según Zapatero, está en que la mayor parte del paro en España procede del sector de la construcción.

La evidente crisis del ladrillo ocasionó muchos y muy graves problemas, entre los que destaca claramente el insostenible endeudamiento de las familias españolas. Las hipotecas y el derroche incontrolado del ahorro familiar en la construcción, dieron lugar a que peligrara la estabilidad financiera de las cajas de ahorro y de otras entidades bancarias que imprudentemente incitaban a la inversión inmobiliaria. Ni el propio Rodríguez Zapatero, ni sus secuaces socialistas quieren darse cuenta del hecho constatable de que, cuando se hicieron cargo del Gobierno, la demanda de viviendas estaba muy por encima del stock disponible. En marzo de 2004, hasta el mismo crédito estaba perfectamente saneado.

Fue ya, con Zapatero en La Moncloa, cuando la vivienda comenzó a incrementar su precio muy por encima del IPC, hecho que determina el inicio de la burbuja inmobiliaria. ¿Cuál ha sido la causa de ese desbarajuste anormal del precio de la vivienda? La falta de suelo edificable, la especulación y la recalificación, así como el exceso de crédito, forman parte de los factores externos que han dado al traste con ese equilibrio necesario entre el coste de la vivienda y el IPC. Ante todo, no es de recibo que la firma del concejal de urbanismo de turno influya tan decididamente en el alza del precio de la vivienda. El Partido Popular quiso prevenir este extremo con la frustrada Ley del Suelo de 1998, que no pudo aplicarse, ya que el Tribunal Constitucional avaló la competencia de las comunidades autónomas sobre el suelo edificable.

Ahora viene Alfredo Pérez Rubalcaba, se presenta como un soplo de aire nuevo presto a regenerar el PSOE, enterrar definitivamente el zapaterismo y, de paso, arreglar todos nuestros problemas económicos y sociales. Aunque el Gobierno del que él formó parte durante mucho tiempo como vicepresidente no supo poner freno a la destrucción de empleo, Rubalcaba confiesa ufanamente que sabe cómo solucionarlo. Quizás esté pensando en la burbuja inmobiliaria, de la que dijo que "tuvo algunas ventajas", ya que "nos hizo vivir a todos bien, incluso demasiado bien, incluso por encima de lo que realmente teníamos que haberlo hecho", aunque "ha tenido consecuencias desastrosas para muchas cosas". Por lo menos ha dado a entender que quiere "revitalizar la construcción", aunque sea nada más que para no pasar del "atracón al ayuno".

José Luis Valladares Fernández

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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