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Vulgaridad y agresión desde la música urbana

16/02/2021 18:24 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Un universo de significados que ha declarado la guerra al sentido del pudor y a las buenas costumbres. Pretendo poner en la agenda de discusión el tema de la vulgaridad, el mal ejemplo y la degradación de la mujer en la llamada música urbana

La llamada música urbana tiene una fuerza impactante. Se trata de un ritmo que logra desatar respuestas atávicas en expresiones desenfrenadas de sensualidad, irreverencia, desafío a la autoridad, y desfachatez moral. A los ojos de Freud, un “malestar en la cultura”, en voz de Nietzsche, el efecto embriagador y disruptivo de lo dionisíaco… 

Con el ritmo contagioso, marcha en son de guerra una lírica hablada, carente de contenido y hasta sentido lógico, sin valor literario, pero lesiva por los referentes que despierta en el imaginario que se construye en base al morbo, el desenfreno, la violencia y las ansias de poder.

El problema se agudiza cuando se desesperan y entran en una vorágine donde hombres y mujeres compiten por lo soez y lo vulgar, y esto no solo por los movimientos indecentes que exhiben las féminas que bailan en los videos, sino que los mensajes y las historias que cuentan en las canciones dejan pálida a cualquier película pornográfica.

Desafortunadamente el éxito en este género se mide, no por la calidad sino por la cantidad de reproducciones, las cuales se logran con lo escandaloso, vulgar y conflictivo. Al parecer, son condiciones que logran que un asunto se haga viral. Así hacen dinero. Algunos exhiben riquezas y poder cuyo origen uno no alcanza a comprender, pero al parecer así es el mundo de este espectáculo que llamamos cultura y arte. Solo, que mirando y escuchando en un universo de inocencia, están nuestros niños y niñas, quienes no se merecen crecer bombardeados y agredidos en 360 grados por los intereses nefastos que se mueven detrás de la criticada expresión “artística”.  

Mientras no nos recuperamos de la cifra alarmante de mujeres asesinadas, irrumpe la promoción de una “canción” donde una voz femenina dice algo como:

_” yo sé que tu ha matao pila de mujeres, …     pero tu ere´ el macho que yo quiero… encima…”,

Y tratando de localizar las letras (de las que no dispongo, por ahora), para citar adecuadamente tal engendro, me encuentro con otras bellezas como:

-Yo he “matao” pila de perras bolas, pa´ llegar a cien millones solo me falta una tingola.

Y crece mi sorpresa cuando encuentro el video de una menor, (es lo que aparenta), que se hace llamar Tokisha freestyles, de cuyo contenido no me atrevo a citar ni una línea, para no ofender a los lectores.

Mientras pasa esto, en las redes sociales aparecen niños y niñas que ya se inician en estos ajetreos. Entran a un mundo donde las alusiones al sexo y la violencia es lo cotidiano; sin que, frente a esta situación y a las anteriores expuestas, aparezca una autoridad que diga esta boca es mía.

El problema se agudiza cuando se desesperan y entran en una vorágine donde hombres y mujeres compiten por lo soez y lo vulgar

Me he dicho: ¡es demasiado ¡.  No es posible que nuestras emergentes generaciones de dominicanos, niños, niñas y jóvenes de ambos sexos estén constantemente expuestos a estos contenidos que se convierten en elementos de referencia para el proyecto de vida de los jóvenes.

La parte negativa de lo urbano deniega de nuestro ser histórico como pueblo y nos plantea una propuesta de disolución en un sin sentido de alcohol, sexo, violencia, y enajenación. Quizá, desde allí, y es lo más penoso, los jóvenes nos gritan la orfandad de políticas públicas dirigidas al aprovechamiento y dirección de nuestro principal activo humano, mientras una ministra de la juventud es investigada por corrupción.  

Parafraseando al apreciado merenguero Sergio Vargas, ellos no han tenido otra oportunidad. Le agrego yo: la juventud en los barrios está abandonada a la falta de oportunidades, la influencia de la delincuencia y el narcotráfico. Mientras, los políticos de toda la calaña, están en lo suyo. Es necesario dejar sentado que el problema fundamental no está en el género. Pudiera convertirse, bien orientado y acompañado de una buena política cultural oficial desde donde promover una vertiente donde los jóvenes utilizaran esa creatividad para fines más nobles.

El tum tum sirve de fondo sonoro a quien, ante la imposibilidad de cantar, fuerza en rimas atropelladas todo tipo de improperios, amenazas, discursos agresivos, atentados contra el pudor, promoción de la vulgaridad… (Enfatizo que solo me refiero a los que cumplen con estas características).

Mientras las autoridades mienten, supuestamente preocupadas por la matanza en ascenso de mujeres en manos de maridos celosos, esta propuesta cultural constantemente fortalece el símbolo “mujer” como objeto de placer; una cosa cuyo único valor es susensualidad, sus curvas y la posibilidad de prodigar placer al hombre. Las mujeres que forman parte de este entramado, enajenadas, sin respeto ni criterios de identidad, participan de estas expresiones dionisíacas prestando sus cuerpos para poner imagen de mercancía a las atrocidades que contra ellas proclaman ciertos energúmenos. 

  • No nos resulte extraño entonces que nuestras muchachas aspiren a chapeadoras. Responden a esta cultura de la mujer objeto sexual.
  • No nos resulte extraño entonces que en los barrios los jóvenes desafíen la policía. Responden al “vamo´ a quedarno´ aquí, porque somos más que la patrulla”
  • No nos sorprendamos de que cada día sigan presentes los asesinatos de mujeres. Según esta cultura ellas son solo una posesión más que se exhibe junto al carro, la pistola y los billetes.
  • No nos sorprendamos de que a enajenados muchachos les haya cogido con desafiar a la policía en las redes sociales blandiendo armas diversas. Esta cultura es una apología a la desobediencia civil, no en reclamo de un derecho de la población, sino en reclamo de que se les permita vivir en la impunidad el desorden y el desafecto a la seguridad pública.

 

La penosa realidad es que, desde el Estado, mientras la vulgaridad y la violencia ganan terreno, nuestros políticos, boca abierta, los de hoy y los de ayer, muestran no tener ni idea de en qué pie están parados en política cultural. ¡Vamos, tristemente a la deriva ¡

Ante este panorama, ¿será nuestra actitud seguir callados, lamentando la indecencia y la atrocidad?

Quisiera escuchar propuestas de acción. Quisiera que las autoridades correspondientes den respuesta responsable. Quisiera que los comunicadores asuman actitudes menos indiferentes. Quisiera que los abogados enfrenten las violaciones que puedan ser tipificadas como delito en estas expresiones indecorosas. No podemos permitir que continúe este descalabro cultural y se nos imponga esta violencia simbólica y esta degradación en el arte.

Saturninohernandez90@gmail.com  

 

 

 

 


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Autor:
Hernand Saturum (5 noticias)
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