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Zapatero y su manera de hacer política

15/01/2011 15:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El paso de José Luis Rodríguez Zapatero por la presidencia del Gobierno ha resultado catastrófico para España y para los españoles. A excepción de esos cuatro caraduras que han sabido explotar las manifiestas carencias y debilidades del jefe del Ejecutivo, todos han salido chamuscados, incluso hasta sus propios compañeros de partido. Se han librado de la quema los líderes de las centrales sindicales mayoritarias, CC OO y UGT y los del sindicato de la ceja, entre los que se encuentra el mundo de la farándula y de los titiriteros. A pesar de las duras dificultades por las que atraviesa España, ni los líderes sindicales, ni los de la ceja, han sido zarandeados por la nefasta crisis económica que soportamos, pues unos y otros han sido beneficiados ampliamente con el dinero de todos los españoles.

Fueron muchos los que, en 2004 dieron alegremente su voto a Zapatero y ahora todos estamos pagando unas consecuencias muy duras, derivadas de ese voto inconsciente. Es cierto que, en la actualidad, muchos de aquellos votantes están ya plegando velas y dispuestos a no repetir errores. Aunque demasiado tarde, se han dado cuenta que Zapatero ha resultado ser todo un bluf, endiosado, eso sí, pero tremendamente incapaz e incompetente. El daño que ha causado a la economía nacional y a la necesaria coexistencia pacífica entre españoles, es francamente enorme y tardaremos muchos años en levantar cabeza.

El pacto de convivencia firmado por todas las fuerzas políticas en 1978 y que dio origen a la Transición democrática, se estaba respetando escrupulosamente. Comenzó a ser cuestionado desde el momento mismo en que Rodríguez Zapatero fue investido presidente del Gobierno. La Ley de Memoria Histórica y el Estatuto de Autonomía de Cataluña fueron los instrumentos utilizados por Zapatero para quebrantar aquel espíritu de concordia que dio paso a nuestra democracia actual. Además de una buena dosis de incompetencia, el presidente recién estrenado se dejó llevar por su radicalismo extremo y por sus ansias incalificables de revanchismo.

Con su mente puesta en la memoria de su abuelo el capitán Lozano, puso todo su empeño en el desarrollo de la trasnochada Ley de Memoria Histórica. Con dicha ley, Zapatero buscaba y consiguió algo tremendamente negativo para la convivencia nacional, enfrentar a buena parte de la izquierda, que había sido más proclive a la ruptura que a la reforma política, con los grupos nostálgicos de la derecha postfranquista. Dice Zapatero que la Transición española se hizo "sobre la base de mucha concordia", pero dejando a un lado la memoria. E insiste en que los de su generación, que como él llegaron a la vida política en un contexto de democracia y libertad, necesitan reconocer el sacrificio de muchos de sus familiares y tienen derecho a saber qué les pasó, para proceder a su rehabilitación.

La otra medida nefasta, propiciada por Rodríguez Zapatero prácticamente desde antes de llegar a la presidencia del Gobierno, la tenemos en el Estatuto de Autonomía de Cataluña. Fue el 13 de noviembre de 2003, en la precampaña de las elecciones al Parlamento de Cataluña, cuando se desató el pelo y tuvo la desfachatez de prometer con toda claridad: "Apoyaré la reforma del Estatuto de Cataluña que apruebe el Parlamento de Cataluña.’ . Y andando el tiempo, así lo hizo. Este Estatuto fue aprobado sin más en las Cortes Generales con los votos favorables del PSOE, a pesar de que no encajaba en absoluto en el actual orden jurídico español. Se trata, en efecto, de un Estatuto sumamente radical, que propugna el carácter nacional de Cataluña, la bilateralidad del Gobierno catalán con el del Estado central y aboga por la descentralización del Poder Judicial. En una palabra, más que de un Estatuto, se trata de una Constitución paralela a la española.

Esto es tanto como poner en práctica esa idea absurda de Zapatero de que el término de Nación española es un concepto discutido y discutible. Y sirvió además para avivar los sentimientos separatistas de las personas adscritas al nacionalismo y sobre todo de los independentistas del radicalismo republicano catalán. La unidad indisoluble de la Nación española, de que nos habla el artículo 2 del Titulo Preliminar de nuestra Constitución, queda reducida a cenizas. Pero para Zapatero, acostumbrado a jugar con fuego, esto no tiene importancia. Es su manera de imponer sus antojos políticos, utilizando siempre medidas extremas y peligrosas.

Desde que los sucesos del 11M le llevaron a La Moncloa, ha intentado una y otra vez dar al traste con el espíritu constitucional, logrado a base de cesiones mutuas, de reconciliación y de convergencia. Ha tratado de manera insistente de debilitar y romper los acuerdos a que llegaron los diferentes actores de la Transición política. Ha pretendido reestructurar España, un poco a su aire convirtiéndola en una especie de federación asimétrica. Y en parte lo ha logrado. Ya que España, hoy día, es prácticamente un Estado Federal, por el alto grado de descentralización del gasto que ha propiciado. Eso si, las diferentes partes que integran ese Estado cuasi Federal se caracterizan por su enorme insolidaridad.

La "revolución cultural", intentada aviesamente por Zapatero, ha tenido también sus consecuencias nefastas. La educación ha terminado en una situación manifiestamente desastrosa. Ahí está, por ejemplo, el informe "Educación para todos", que elabora cada año la Unesco. Según dicho informe, en cuanto al funcionamiento de nuestro sistema actual educativo, estamos, por debajo de casi todos los países de la Unión Europea. El último informe "Pisa" de la OCDE es también muy claro y revelador: España, con respecto al año 2000, cayó 12 puntos, situándose con 481, demasiado lejos de los 496 puntos de media de la OCDE. Quedamos hasta por detrás de Portugal, que alcanzó los 489 puntos. Todo un logro de la impericia y el mesianismo de Zapatero

José Luis Valladares Fernández

Criterio Liberal. Diario de opinión Libre.

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